martes, 26 de abril de 2011

Objetivo: Islandia 2011



Nuestra aventura tiene como objetivo completar la Ruta Circular en bicicleta, unos 1.650 kilómetros en tan sólo 21 días que nos requerirá fortaleza física y mental. La tierra de hielo hará que nos obliguemos a adaptarnos a un medio hostil donde la lluvia, el frío y principalmente el viento pueden llegar a ser un auténtico calvario. Dar la vuelta a Islandia en bicicleta es una forma de integrarse en un paisaje desmesurado que nos sobrecogerá sin duda. El frío no será un gran problema si tenemos la ropa apropiada. La sensación de llegar en nuestras bicicletas al borde del Vatnajökull, el glaciar más grande de Europa, aún está por descubrir...

Fecha de salida Gran Canaria: 09 junio 2011

Diario de una aventura - 7 de mayo

Son las 6 de la mañana y mis ojos siguen cerrados, pero mi mente ha superado la fase del sueño y ha comenzado a trajinar, es imposible hacer un pequeño alto y volver a la etapa del sueño, aunque sea un ratito más. Hoy el día se presenta con una apretada agenda, además promete emociones y diversiones. Si obviamos la rutina del trabajo, aunque este tampoco se ha presentado demasiado rutinario según avanza la mañana. Pero no es un día genial, la verdad es que no nos salen las cosas, lo que no se atasca, se complica, o hay que volver otro día para solucionarlo. Además suena el teléfono con noticias inesperadas, todo el plan acordado el día anterior, se ha ido al traste, por un pequeño detalle. Apenas hay tiempo para buscar una alternativa, pero hay que intentarlo. Empieza el intercambio de llamadas y visitas, se pide algún favor, (no realizado), lo cual obliga a tener memoria. Pero parece que no hay alternativa, tendremos que improvisar.
18:00 horas:
Llega la prensa y el cámara de TV, y nos ponemos en marcha hasta un descampado donde hacer una tomas, y unos retratos, no es que seamos profesionales destacados, ni con amplia experiencia, pero nos defendemos honrosamente. Tras unas primeras tomas para regular la luz, y los equipos. Comienza el desfile, los disparos fotográficos, y el silencio “se rueda”. Hacia la pista se lanza nuestro piloto representativo, levantando oleadas de polvo, que indican la dirección en la cual avanza, sobre su “caballo de hierro”, de repente un giro de 180º le lanza de nuevo hacia nosotros, mientras, otro piloto, calienta motores, el resto intenta sin conseguirlo, calmar sus ansias de derrapar, y emular, a su compañero. Todo parece funcionar adecuadamente, pero que es un día, sin una anécdota, como podemos reunirnos y no tener algún detalle, por mínimo que sea, para grabar en nuestros cerebros, o en nuestra retina, y por si esta no estuviese lo suficientemente despierta o alerta, también existía la presencia de un profesional de la fotografía para dejar constancia. Efectivamente, la secuencia, no deja lugar a dudas, el “caballo de hierro”, descabalga a su jinete, en una extraña e inesperada maniobra, traicionera, y este lejos de sujetar las riendas, gira sobre si mismo en una voltereta increíble, y se levanta al ritmo de baile moderno, con las manos golpeando la tierra que adorna su hasta ese momento impecable vestimenta de motorista etiquetado, sin duda este gran inconveniente, no previsto, desmonta nuestro estado de animo, y decidimos acortar.

Los profesionales, aderezados y curtidos, en este tipo de acciones, nos proponen un cambio que rápidamente aceptamos y nos desplazamos para comenzar las entrevistas, bajo la atenta mirada de un anciano árbol, que se muestra imperturbable a cuanto acontece a su alrededor, tal vez el echo de haber dejado de tener savia corriendo por sus ramas, tenga mucho de importancia. Allí sobre el suelo, de pie o sobre el “caballo de hierro”, desgranamos pequeños detalles que conocemos sobre nosotros, nuestras ilusiones y otros tantos que suponemos sobre nuestro viaje.

Diario de una aventura - 8 de mayo

Los nervios me han dado por plasmar mis pensamientos escribiendo, y es que ya estamos a punto de comenzar esta maravillosa aventura, o locura. En nuestra tesitura por descifrar que termino es mas adecuado, hemos empezado con los preparativos, petos, botas, pantalones con protecciones por todos lados, parece que han llegado -los reyes magos”- todo es nuevo, impecable, desconocido. A todo esta vestimenta “defensa” de nuestros cuerpos criados al gofio, (Danone, le llaman ahora), le añadimos pasaportes, visados, pasajes, transbordos, transiberiano, y motos, tendremos este cóctel que nos quita el sueño, nos hace contar las horas y nos tiene en vilo, no viendo el momento de comenzar.
Y comenzar que?
A volar, aterrizar y volver a volar, para llegar a Pekín, punto de partida, y de los últimos detalles. Antes de subir a ese mítico tren llamado transiberiano, y que tal como su nombre indica recorre Siberia y Asia, nosotros esperamos que nos permita llegar a Ulan Bator, capital de Mongolia, donde nos espera la siguiente etapa, una larga travesía que nos llevara hasta el desierto del Gobi.

Diario de una aventura - 10 de mayo

Hoy me he levantado con un mensaje en mi teléfono – nos han puesto unas líneas en el diario AS -. Y lo primero que ha pasado por mi, aún no despierta mente, ha sido lo lógico y razonable en esta situación. Este gamberro, (aunque cueste creerlo, en nuestro grupo existe algún personaje que ciertos días gusta de disfrutar la vida nocturna), estuvo anoche disertando por esos maravillosos lugares donde sirven zumos de cebada y agradables licores (de esos que raspan la garganta y nublan en cerebro) y entre degustación y cháchara, me envió este simpático mensaje.
Pero tuve que abrir bien los ojos, cuando me vi reflejado en las paginas interiores de este noticiario deportivo, efectivamente, allí estábamos, todos guapitos, uniformados y con una seriedad marcial, en la que destacan ampliamente la sonrisa, y la falta de tablas en estos eventos, a los que nos estamos enganchando rápidamente. Que orgullosa se va a sentir mi madre, jajaja. Hemos salido en prensa y encima por algo agradable, aunque la causa sea cruzar un desierto subido en una “cabra con ruedas”, en el 5º coño, que más da, la cara se le ilumina igualmente, mientras mi padre son total serenidad y una tierna mirada, sin palabras me reprende e invita a ser precavido. Y es que llevan mucho tiempo aguantándome, aunque no resida con ellos, muchos años, a….
En fin, no he podido resistir la tentación de mostrarlo a todo el que ha tenido la suerte o no, de cruzarse en mi camino. Literalmente levitaba y sonreía, hoy tengo ganas de repartir alegría, y me siento genial. O por lo menos esa ha sido mis sensaciones, al ver que esto sigue adelante, y el reto cobra cada día una nueva dimensión. Y nos sigue sorprendiendo, el apoyo que estamos recibiendo no sólo por parte de colaboradores, sino también de amigos, y conocidos. Pero todos coinciden en que nos cuidemos y seamos prudentes, es que acaso lo dudan. O es que tal vez aún no somos conscientes, de a donde vamos?

Esta pequeña levitación o euforia temporal, se va calmando, ralentizando, desapareciendo, y siendo sustituida, por una reflexión, sobre lo que nos espera, he pasado de sentir la moto bajo mi cuerpo, flotando por las arenas del desierto, adelantando a una larga estela de arena suspendida en el aire, mientras el chasis se balancea, derrapan las gomas y la moto se estremece en mi mente, a una bajada a la tierra, a sentir el peso de la aventura, a pensar que tal vez no todo sea tan agradable, como soñamos.
Que va a ocurrir, cuando tras largas horas de avión, transbordos, y las 30 horas de transiberiano, hasta Ulan Bator, nos perpetremos las protecciones y nos abrochemos el casco. En este momento un hormigueo sube, desde mis pies a mi estomago, y en mi mente, se abre un sinfín de preguntas, incertidumbres, nervios y una oleada de responsabilidad, hacia mi, y mis compañeros. Aquí es donde realmente se forjan las amistades, no sólo con los conocidos, sino también con los amigos que encuentras en el camino, bajo un sol ardiente, en un bochinche tomando una bebida a la sombra, aterido de frió ó al calor de una hoguera en medio de la nada, simplemente por el placer de compartir ese espacio y ese tiempo con la persona adecuada, hablando, mirándole a los ojos, o simplemente sintiendo integrado en ese lugar y ese momento. Son los recuerdos que te vas a grabar de ese lugar, de esas personas que han estado en un determinado momento compartiendo, colaborando y conviviendo, con el grupo, en el grupo.



Diario de una aventura - 12 de mayo

Tenemos que rentabilizar el tiempo, ya solo resta el siguiente fin de semana antes de comenzar el viaje, y aún faltan preparativos. Así que nos levantamos temprano y antes de las nueve, comenzamos a cruzarnos los primeros mails, queremos aprovechar tanto como nos sea posible estos días de asueto y libertad laboral. Estos mails, giran en torno al equipaje principalmente, pues además de lo habitual cuando sales de casa durante un mes, tenemos que añadir las botas de moto-cross, el peto con las protecciones, las rodilleras, el casco, guantes y algo que seguro que se nos olvidará.
Lo mejor será comenzar con una prueba dinámica, y dejarse de teorizar tanto, sobre si nos cabe todo, ó no! -Manos a la obra-. Pongo el disco de prohibido en el Messenger, que indica que estoy ausente “hasta que vuelva” y me encamino hacia mi mochila, la intención es colocar todos estos elementos dentro, así que comienzo por las botas, “chacho”, si es lo único que cabe y el resto de las cosas? Dónde se supone que las vamos a poner?. No es fácil ni posible, meter todo esto dentro de una mochila, de esas que sueles llevar de acampada, cuando sales a dormir por ahí un par de noches, la cual siempre va medio vacía por supuesto y tu preguntándote para que la compraste tan grande. Es lógico, cuando vas a caminar por el campo o a pasar unos días junto al mar, no te llevas unas botas de moto-cross, entre bañadores y polares.
De nuevo comienza, una nueva ronda de mails, y alguien comenta que la solución puede ser llevar puesta las protecciones y las botas. Y si no lo mandamos parar, nos recomienda llevar puesto también, el casco y las gafas antivaho. Espeluznante! Sala de espera de Barajas, cuatro tíos, con protecciones tipo fútbol americano y botas de dos pisos, con suela de hierro, están atrincherados en la puerta D, envíen refuerzos. Ahhh… llevan cascos, seguro que traman algo.
Pero como nos vamos a pasear por media Europa, y en sus aviones, vestidos de esa manera, hay que buscar otra solución. En esos momentos es cuando se nota la falta de una o varias féminas en el grupo, ellas siempre viajan con su par de botas, su armario de zapatos y un par de modelitos para cada día, y les cabe… Nosotros solo llevamos un par de botas y no nos cabe. Si a todo esto le sumamos las demás cosas, donde colocamos el resto del equipaje, pantalones, camisetas, y ropa interior, aunque esto no abulta mucho, y menos para algún componente, que recomienda llevar dos calzoncillos, este gasta menos ropa interior, que un guardián de una playa nudista. No te preocupes te regalaremos una espátula para que te cambies a la vuelta.
Total que seguimos con las mismas dudas que al principio, así que nos cogemos la bici, el pantalón corto, y la piragua y seguimos dándole caña al cuerpo, y disfrutando de estos maravillosos días, para seguir cogiendo el tono físico adecuado. Ya veremos si nos vamos de viaje disfrazados.

Diario de una aventura - 14 de mayo

El plan para hoy, incluye una cita con los profesionales de Antena3 televisión. Periodistas, cámaras e instalaciones con sus correspondientes efectivos. Antes que suene el despertador (esto ya empieza a ser un tópico, porque no despierta a nadie) ya estamos, camino de la ducha. Hay que estar presentable, tener un aspecto impecable, con el que seducir a la cámara (no a quien la maneja, ojo!).

Bajo el torrente de agua que emana de mi ducha, especulo sobre las posibles preguntas a las que seré sometido, junto a mis compañeros. Mientras lucho con el champú, y este conmigo. Esta empeñado en introducirse en mis ojos, con lo que pica, j…. Necesito que mi pelo brille, y tenga volumen, no es plan de que este pequeño detalle desluzca mi intervención televisiva (pa una vez que salgo). Ducha, desayuno, llaves al bolsillo, casco, y gas……
En un rato, estoy aparcando frente a las instalaciones televisivas, uno de mis compañeros ya ha llegado, conversa con los operadores y compañeros que nos van a hacer el reportaje. El tercer componente, llega pasados unos minutos, con los atuendos, y sorpresa! Hay equipaje nuevo, ñosss…. ni cuando era un enano, estrene tanta ropa en tan poco tiempo, jajja… espero curarme rápido, o las tiendas de moda, van a ser mi segunda casa.
La profesionalidad del equipo se nota, en unos pocos minutos, hemos sido grabados y entrevistados, nos despedimos y decidimos montar una pequeña reunión, así que nos vamos a desayunar. Reunidos si, pero con el estomago lleno, ya tendremos ocasión de hacerlo, sin tanto donde elegir, -de comer por supuesto-, porque sitio, en el desierto seguro que sobra. Esto de grabar y salir en prensa, nos esta haciendo demostrar lo buenas personas que somos, amables, deportistas, en connivencia con la naturaleza, en fin como realmente somos –y si no lo creen, pueden preguntar a nuestras madres-, y por supuesto muy buenos amantes, aunque esto es mejor que no lo pregunten en la fuente anteriormente citada. Gracias a la televisión, hemos pasado de ser “unos perfectos desconocidos”, a unos “desconocidos perfectos”
Tras esta reponedora pausa, continuamos las visitas. Repostamos nuestras maquinas, y nos plantamos en la sede de Flick Canarias, donde nos reciben amistosamente. Nos presentan (a quienes no la conocíamos) a la persona responsable del departamento de marketing, lo cual se convierte en una agradable sorpresa, no solo por la juventud, sino por su simpatía, rápidamente congeniamos y entramos en materia. Necesitamos buscar un lugar adecuado para grabar un directo, y sin más preámbulos, nos lanzamos a elegir cual será (presumiblemente) el más adecuado, jajaja. Si nadie se ha traído un GPS, será mejor no despistarnos, cruzamos puertas y mas puertas, un ascensor, departamentos, y sorteamos varios vehículos, zig-zageando. No se! -pero de fuera parecía mas pequeño- Un compañero, me pregunta si he ido dejando las miguitas por el camino, para poder regresar, lo cual desata una sonrisa, y como no también una respuesta, “tu salta por la ventana, que ya te recogerá alguien”. Afortunadamente no fue necesario, localizamos el lugar a priori más adecuado, y tras una pequeña, refrescante, y no necesaria (para nosotros por lo menos) pasada por agua de lluvia, decidimos dar por concluida esta ajetreada mañana.

Diario de una aventura - 15 de mayo

“He visto vuestra página y me sorprende gratamente que personas como vosotros tengáis la iniciativa y la fuerza para proponer un viaje de estas características, solo deseo que a pesar de las sorpresas, nos os falten las fuerzas para conseguir vuestro objetivo. “Hacer este viaje será sin duda “una de las experiencias” más importantes en vuestra vida, ese es y será vuestro premio”. Que lo disfrutéis….”

Este es uno de los mails que hemos recibido en nuestra pagina,  y nos ha ilusionado, como no!  Es muy gratificante, saber que existe gente que nos apoya, y nos trasmite su cariño.
Recibir ánimos, y fuerza moral, es una de las experiencias más agradables que nos pueden ocurrir en estos momentos previos. Aumenta nuestras expectativas y nos invita a seguir dando lo mejor de nosotros mismo,  en busca del fin ansiado.

 Y para ello, seguimos madrugando, quitándonos las legañas con un buche de agua, y saliendo a optimizar nuestro, cada vez más preciado tiempo. Hoy toca salir en moto, nos quedan muchos kilómetros de arena, rocas, grietas, subidas imposibles y quien sabe cual dificultad más, así que conviene rodar tanto como nos sea posible, hasta que se formen cayos en esa parte donde la espalda pierde su nombre. Que conseguiremos con esto?  tal vez que sean mas llevaderas las largas derrapadas, el traqueteo de la maquina y esos saltos constantes. Mientras aferras el volante, intentando no perder la trayectoria, y sientes que rebotas como una pelota de goma sobre el sillón, manteniendo la concentración, intentado, no siempre es fácil, seguir a quien marca el ritmo, tras su estela de polvo y las ganas de dar gas que lleve; seguir por donde el GPS, y la intuición de quien va delante, te acercan ó te alejan del rumbo adecuado. Porque en un lugar, sin carreteras, sin marcas, ni señales de tráfico que indiquen hacia donde debes dirigirte, todos los factores cuentan. Un pequeño desvío, puede tornarse en pasar de largo por cualquier punto de los previstos, y en consecuencia, no tener donde comer ni dormir, más que bajo el cielo raso y sus estrellas, con las temperaturas que por allí, se den en ese momento y que puede ser cualquiera por debajo de los 0º. Entonces comenzaremos con las fogatas, recapitularemos batallas, contaremos historias de miedo, y rebuscaremos en las mochilas buscando los posibles restos de algo con que alimentar o calentar cuerpo y alma… hasta que amanezca.

Diario de una aventura - 16 de mayo

Si !! Ya es viernes.
No el esperado viernes de la partida. Ese que nos tiene expectantes, inmersos en los preparativos, haciendo y deshaciendo maletas y bolsos, intentando encontrar el punto adecuado a nuestra necesidad de espacio. O no nos caben las cosas o los baúles son tan inmensos que sobra demasiado sitio. Andamos rebuscando en los armarios, levantando las camas, hurgando en los rincones de la casa y mirando hasta bajo el coche, y la moto, en el garaje, para no dejar nada de lo totalmente imprescindible olvidado.
Si !! Es el comienzo del fin de semana. 
Llega el momento para dejar de lado las obligaciones y disparar la mente.
Nada mejor para comenzar un agradable fin de semana, que hacerlo acumulando energía. Así que, a primera hora de la mañana, ya estábamos preparados para afrontar unos kilómetros de carrera campo a través. Nos despojamos del pantalón de chándal, y nos quedamos con unos minúsculos pantalones de footing, que dejan al descubierto nuestros muslos y gemelos, en tensión, fruto del estiramiento previo. Estamos calentando nuestros músculos, los que nos van a impulsar, durante el tiempo que disfrutemos de este placer de sentirnos libres, mientras trotamos, semidesnudos, cortando el aire, formando parte de la naturaleza y el paisaje. No pasamos inadvertidos, nos sentimos observados por los copilotos y acompañantes de los automovilistas que circulan en paralelo a nuestro comienzo de ruta.
Sin mas demora, nos ponemos en marcha, el sendero comienza paralelo a la carretera, para luego girar levemente a la izquierda, en suave ascensión, y rápidamente una estrecha vereda, con amplia pendiente, nos adentra en el barranco. Llevamos un ritmo acompasado, ligero. El calor empieza a emanar de nuestros cuerpos, minúsculas gotas de sudor, empiezan a surgir sobre nuestra frente mientras ascendemos una dura rampa, que nos llevara a la cima. Cuando alcanzamos esta, las pequeñas gotas comienzan a no ser tan pequeñas, y las camisetas se ciñen a nuestro cuerpo, como una segunda piel. Alguien ya se ha despojado de ella, y sobre su pecho brillan las gotas de sudor, que no se han quedado adheridas al algodón que las cubría, el ritmo aumenta. Hemos cubierto la mayor parte del recorrido, estamos regresando al lugar de partida, y nuestra respiración se vuelve de nuevo pausada a medida que adecuamos el ritmo, haciéndolo mas lento.
Si ó no, no valen medias tintas, tenemos que ir tomando decisiones, el poco tiempo que nos resta para subir al avión, nos obliga a ser resolutivos. Aun debemos preparar el botiquín, y los elementos que forman parte de nuestra seguridad, como las pastillas para depurar el agua y los equipos electrónicos. Tenemos un handicap, difícil de resolver; -en el desierto no existen enchufes- a no ser que pillemos alguna víbora de esas que matan por electricidad y en cuya nariz deben existir una especie de clavija, (yo nunca las he visto, que conste). Tenemos algunas alternativas, dando casi igual cual elijamos, pues tanto una como otra, van a hacer mas pesado nuestro equipaje, así que tendremos que decidir cual de ellas es la mejor, si llevar más baterías ó emplear cargadores solares. Sopesamos pros y contras, para al final acabar decidiendo -llevar las dos cosas- bonitos negociadores estamos hechos. No hay tiempo para mucho mas, quedan aun unas horas de trabajo, y de luz. Aunque alguien del grupo, ya esta pensando, en donde va a dejar de ser tan formal, y hacer el “gamberro” por unas horas, charlando, bailando y refrescándose la garganta.

Diario de una aventura - 20 de mayo

Hoy si que me ha despertado el correspondiente elemento fabricado y comprado para este menester. Tras muchos días sin darle tiempo a expresarse, a sentir su razón de ser, por fin le ha llegado el momento de hacerlo, sonando con su no siempre agradable, ring… machaconamente. Y es que mucho descansar, es muy cansado.
Comienza la jornada, además de los trámites que hemos previsto para hoy, habrá que cumplir con la correspondiente jornada laboral. Tras una reparadora ducha matinal, comienza la ardua tarea de pasar por el armario, a elegir el modelito del día. Pero es que siempre tengo lo mismo, y todos los días me tengo que repetir la misma rutina, en mi próxima vida, me comprare varias mudas todas iguales, para no tener que elegir, como Mickey Rooney en “nueve semanas y media”, cuando abría su armario, y aparecían impecablemente colocados toda una fila de trajes exactamente iguales. Mi héroe mañanero, sin ningún tipo de duda, ese llegar al ropero y saber que te vas a poner, un sueño vamos.
Tras la pertinente elección, toca despertar al vecino. Aunque parezca extraño, hay personas a quien les gusta que les llamen desde primera hora, golpeando en su puerta, porque son lo suficientemente perezosas, para no buscar aparcamiento, (es mas cómodo aparcar delante del garaje, y pasarse por el forro el vado), ni para colocar un timbre tiene fuerzas, un poquillo flojo el muchacho.
Bueno una vez libre la vía de salida, vamos a sacarle brillo a las cubiertas, gas…..
A mediodía, se produce el contacto esperado, esta tarde rodamos con la moto, y tenemos que no retrasarnos en exceso. Pues nada, maqueada a la moto, agua, jabón, aceite a la cadena, y elementos de rodaje, todo listo. Pero cuando me estoy ajuntando las protecciones, mientras el motor, brama en el eco producido por las paredes del garaje, mi culo vibra, y eso que aun no me he subido en el monocilíndrico, debería estar sonando también una musiquilla, pero es imposible distinguirla con el sonido del escape. Desconecto el motor, y respondo a la llamada, malas noticias, se suspende el plan inicial, no vamos a levantar polvo, ni ha surcar las polvorientas pistas donde entrenamos, así que no me da tiempo a ponerme el casco. Vuelta a la vida de viandante. Concertamos una reunión en casa, tendré que comprar zumo de cebada, y pienso para el personal. Para otra cosa no sé, pero para comer son de un puntual.
El carro del hiper, se hace eco de la situación económica en que estamos inmersos, con mas aire que productos; No!!, solo he venido a proveerme de lo necesario para una cena ligera. Cuando me dirijo a caja, intento cruzar una mirada con la cajera, del tipo solo cuatro cosillas, no te voy a dar demasiado trabajo, que tal si me cuelas. Ja,ja,ja. Vuelve a moverse mi bolsillo trasero, y esta vez si que se oye la musiquilla de mi teléfono. Y una vez mas todo se cancela con la misma celeridad que se organiza. Parece que el día de hoy no es propicio para estos menesteres.
Giro 180º, sobre mi propio eje, y deshago mi anterior paseo, colocando nuevamente los condumios en su lugar correspondiente, y me despido de la cajera, con un guiño cómplice. -No te preocupes que en cualquier momento, me quedo sin nada en la nevera, y vuelvo- Solo es cuestión de que consigamos acordar la hora de reunión y no me vuelvan a dejar sin plan. Yo me he quedado con las ganas de sentir el aire, y abrocharme el casco, así que huyo rápidamente del almacén de alimentación, y me encamino hacia el garaje. La noche es agradable, sopla una ligera brisa, que invita a recorrer la isla….sobre dos ruedas por supuesto.

Diario de una aventura - 21 de mayo

Hace unas horas que la luz del sol ha dejado de brillar, y las sombras han terminado de teñir de oscuro, la noche. He recorrido los últimos doscientos metros que me separan de la puerta del garaje, en silencio, con el motor apagado, dejando que la inercia, impulse la moto suavemente. Mientras va perdiendo velocidad, mi mente, va tomando conciencia con la idea de que, ha llegado el momento de un breve descanso. Algo que mi cuerpo sin duda también necesita. Ha sido un agradable relax, disfrutar el sonido del motor “rugiendo”, mientras la aguja del cuentarrevoluciones, ascendía en su recorrido circular, buscando el límite. El momento adecuado para insertar una marcha más, e iniciar el proceso de aceleración. Se suceden las curvas, las frenadas, las suaves aceleraciones, y las ganas de seguir rodando, pero también los pensamientos, las ganas de llegar a los brazos de Morfeo, y el recuerdo de las obligaciones contraídas para el siguiente día.

Y aquí nos encontramos pasadas unas horas, con el resto del grupo (una parte al menos). Con la moral, en la boca del estomago, pues siempre existen nervios, cuando tenemos que dedicar un tiempo a expresarnos frente a una cámara de televisión. Además hoy pintan bastos, pues la grabación, no es tal. Es una emisión en directo, sobre nuestra aventura. No valen las equivocaciones, ni los guiones. Desde primera hora de la mañana invadimos las pantallas de los televidentes que tienen la suerte de poder estar al frente de dicha caja. Vamos a disertar sobre los artículos, elementos, cachivaches y objetos necesarios para poder estar veinte días “perdidos”. Tras unos breves consejos por los profesionales del medio, la hora de la emisión nos envuelve, y salimos al “aire”.
Bueno, esta vez hemos superado la prueba. No con un sobresaliente, pues, hemos cometido algún que otro “gazapo”, pero el resultado ha sido bastante satisfactorio, tanto que no nos dejan ir. Desean grabar un poco más, y el clima se relaja. Empezamos a disfrutar un poco con esto, y nos ponemos a disertar con calma sobre todos los objetos que se esparraman sobre la mesa. Cascos, botas de motocross, GPS, teléfono vía satélite, mapas, brújulas, guantes, ropa térmica, etc. Luego llega el momento de las entrevistas personales, y las preguntas trampa, jajaja.
La guapa reportera, hace gala de una sutil inteligencia, con sus cuestiones, provocando que una sonrisa asome en nuestra cara., cuando nos pregunta –¿Que es lo ultimo que nos gustaría comer, antes de partir?- Potaje o gofio. Ella misma nos responde, en previsión de cualquier barbaridad, al ver nuestra expresión. Esta anécdota, sigue provocando, simpáticas carcajadas, incluso en el gerente de Flick, que ya se esta convirtiendo en un integrante mas del grupo, con su maravillosa implicación, y complicidad.
Dejamos las cámaras, nos despedimos y nos disgregamos, el tiempo se esta haciendo corto. Hay que regresar a las obligaciones con el trabajo, y seguir saltando sobre la maleta. Dentro de poco habrá que cerrarla, tarea cada vez mas ardua, pues se siguen apuntando elementos para este viaje, con los que no contábamos, como una bandera, que busca hueco en nuestro ya de por si sobrecargado equipaje. La idea de llevar puesto el casco, vuelve a surgir sobre nuestro planning de organización, (me veo con el dentro del avión, tomando zumo de cebada con una pajita). Intentaré plegarlo a ver si así, entra. Se nos acaban las ideas para poder llevar todos los bártulos, el espacio mejor ni mentarlo.

Diario de una aventura - 23 de mayo

Faltan sólo unas horas. Besos, abrazos, apretones de manos, miradas, estas horas previas, son prolíficas en estas acciones, y por encima de todo buenos consejos, y preocupación. Hemos planificado hasta el último detalle que se nos ha ocurrido, pero somos concientes de que con eso no es suficiente.
Desde este cómodo asiento, frente al ordenador, estoy intentando plasmar mis pensamientos previos a la subida al avión. Siento las lagrimas derramarse por mis mejillas, son lagrimas sinceras, abundantes, desbordando mi capacidad para contenerlas. Los sentimientos que se agolpan en mi mente, se exteriorizan en mi expresión y en mis ojos, enrojecidos.
Se acumulan en unos segundos, muchas frases de cariño y precaución. Pequeñas despedidas individuales, muy personales de personas que demuestran su aprecio, enfrentando nuestras miradas y animándonos con bonitas frases, que repaso, mientras me invade una ligera tristeza, que me impide por momentos, ver la pantalla y seguir escribiendo. Involuntariamente me veo obligado a parar ……
Nos dejamos muchas personas queridas aquí, (padres, herman@s, hij@, parejas, amig@s), mientras partimos rumbo a un desierto, que ni sabe de nuestra presencia, ni nos espera y del que solo deseamos que no descargue su furia en nosotros. Vamos a invadir unos parajes inhóspitos, donde los propios habitantes, nómadas nacidos allí, luchan a diario para poder sobrevivir, a tormentas, dunas, arenas suaves (que te pueden atrapar durante horas, impidiendo el avance), fauna salvaje, y quien sabe que mas recursos dispondrá la naturaleza en esa región, y con cuales nos tendremos que enfrentar.
Lo sabemos, serán días de imprevistos, e improvisaciones…..es una nuestra aventura.

Diario de una aventura - 19 de mayo

El mar ó la mar, a gusto de quien mente dicho elemento líquido. Esa esencia que nos rodea a todos los isleños, y nos embriaga cuando estamos cerca. El azul resplandor, que encontramos al mirar hacia el horizonte, a nuestra espalda, a la derecha y a la izquierda, siempre nos acompaña, relajándonos, recordándonos su presencia, invitándonos a acércanos a sentir el salitre y el olor a humedad marina. Así que este fin de semana, lo hemos disfrutado en su compañía.
Y ha sido todo un logro. No era tarea fácil, buscar un hueco en la agenda, ya se por si apretada. Tumbarse en la arena, disfrutando la calidez de unos rayos de sol, mientras, la marea lamía incansablemente, una y otra vez la orilla de la playa a escasa distancia de nuestros pies. Esta vez nos reunimos bajo una pequeña duna, (preámbulo tal vez de las muchas que nos quedan por atravesar), para hablar sobre la semana que se nos avecina, posiblemente, más corta de lo que nos gustaría, para poder resolver todos los tramites que nos queda, y mas larga de lo que desearíamos, para poder comenzar el viaje.
 Al agua, hace un agradable día de sol, no demasiado intenso, pero no es cuestión de pensarlo. Nos zambullimos, y comenzamos a bracear, con una suave intensidad al principio, y luego como mayor ritmo y potencia, durante unos minutos, rumbo al horizonte. Al regreso, chapoteamos y cebamos unas olas, mientras una pareja intenta jugar a la “piragua” (variable acuática del “teto”). Sigilosamente salimos del agua, para evitar que pierdan la concentración, y el equilibrio necesario, el cual ya de por si complicado, el suave balanceo que invita a la practica no es tan acompasado como desde tierra parece, y no todo el mundo tiene la pericia necesaria, para conseguir llegar al clímax final de su juego.
Nos tumbamos nuevamente al sol, y nos dejamos llevar por nuestros pensamientos, nuestras ilusiones, y este maravilloso reto que vamos a afrontar. El mar sigue batiendo, con suaves olas, y acompasado sonido, meciéndonos, transportándonos a ese magnifico, inmenso desierto, que aun esta demasiado lejos.
Luego llegó el domingo, con un suave despertar, un paso de la cama al sofá, y un merecido reposo. Carreras televisivas de motos, películas, un copioso almuerzo, un ligero paseo, y una tranquila tarde. Cruzamos unas llamadas telefónicas, sobre el planning para el día siguiente, y a dormir…. mañana más.

Diario de una aventura - 26 de mayo

Tras el periplo de cruzar Europa, hemos recalado en Asia.

Pekín, nos ha recibido con un golpe de calor, la primera impresión tras bajar del avión, es que efectivamente, hemos cambiado de continente.
Son las siete de la mañana, cuando salimos del aeropuerto, y nos dirigimos al hostal donde nos hospedamos, es limpio, y las habitaciones son agradables, si obviamos que no disponen de baño, y que para utilizar este, debemos desplazarnos unos cincuenta metros. Poco a poco nos iremos adaptando, esperemos que la situación no degenere en exceso, aunque en el desierto ya soñaremos con estas instalaciones.
Tras dejar el equipaje, y para evitar dormir, durante 24 horas seguidas, salimos a la calle, con la intención de terminar de adquirir algunas cosas, que no hemos traído en nuestro ya sobrecargado equipaje, y es que hemos tenido algunos problemillas en los aeropuertos con el exceso de peso. Es mas hemos tenido que cargar con parte del equipaje, en bolsas de mano. Pues no nos admitían que sobrepasáramos los veintitrés kilos.



Paseamos por amplias avenidas, rumbo a un centro comercial. Necesitamos adquirir unas chaquetas de cordura para combatir el frío, una vez subamos a las motos, y que también nos sirvan para protegernos de la lluvia, en caso que se produzca. Pasamos varias horas, en estos menesteres, tarea bastante ardua, no es sencillo. Aquí el idioma no es el problema, sino los precios, totalmente negociables. Toda una mañana regateando, no es nuestro ideal, pero es necesario, si deseamos no dejarnos aquí el presupuesto del viaje. Debemos hacer alguna pausa, para refrescar nuestra castigada garganta y nuestra cabeza. Regresamos al hotel, con cuatro chaquetas, mas calzoncillos que días del calendario, y todo un muestrario de calcetines.




La cama es irresistible, así que ponemos el despertador, y …….
Han pasado dos horas, y un ruido machacón, nos despierta, así que lo desconectamos y nos volvemos a dormir….
Alguien consigue salir de los brazos de Morfeo, y nos pone en movimiento, no sin alguna dificultad, y es que habituarse a un cambio de horario, no es tan fácil.
Salimos nuevamente a la calle, rumbo a la plaza de Tiananmen, coincidiendo por el camino, con un pequeño desfile militar, en concreto de dos militares. Pero según avanza el desfile, se van sumando integrantes por el camino, llegando a ser varias decenas, cuando estamos llegando a la plaza. Es la hora de arriar la bandera, y el cambio de guardia. Y hacia el centro se dirige la columna militar que nos precedía, donde se une, a varias llegadas desde diferentes puntos. Observamos desde la distancia, los movimientos que se producen en el centro de la plaza, y cuando los militares, han terminado, intentamos acceder a ella, para visitarla, con resultado negativo, pues ya no dejan entrar a esta hora. Tendremos que posponer las fotos.
Si no nos dejan hacer turismo, pues tendremos que buscar otra alternativa, que tal una comida ligera. Nos adentramos en un lugar de comidas en medio de un pequeño mercadillo. Veamos el menú. Tenemos, cucarachas empanadas, pinchito de escorpiones, y carnes inidentificables, pero todas de un tamaño, que hace suponer que el ser anteriormente vivo, del que procede, no era muy grande, ni muy habitual en nuestra dieta. Curioseamos, mientras algunos guiris paladean estos “manjares”, nosotros de momento no nos atrevemos ni a sacarnos fotos.
Nos apetece un zumo, y algo de música, y comienza un periplo de taxis y preguntas, es casi imposible hacerse entender. Tras varias vueltas por la ciudad, llegamos a una calle donde existen varios bares, pero el cansancio acumulado, hace que optemos por una rápida hidratación, y un merecido descanso. Solo llevamos quince horas en esta ciudad, pero la sensación es de llevar ya varios días, no somos conscientes de ello, hasta que un matrimonio extranjero nos pregunta, por el tiempo que llevamos en la ciudad, tarea bastante ardua de contestar. Casi no podemos creer que hallamos aterrizado esta mañana.

Diario de una aventura - 27 de mayo

Por el momento parece que las horas no pasan, con la mirada perdida en el horizonte de un paisaje monótono, a través del gran marco rojo de la ventanilla, de un tren que partió de madrugada con cara triste.
No es muy agradable recordar como empezó el día. Un día que se despertó sin ese despertador que echábamos de menos y que hasta la fecha aun no tenemos. Simplemente no dormimos, no por los nervios de la travesía que nos esperaba en el transmongoliano, sino porque nos faltaba una de las piezas del equipo. Uno de nosotros había perdido el pasaporte la noche anterior, sin tiempo de reacción, a falta de unas pocas horas de la partida de ese amasijo de hierros.
El tren se impone en un terreno áspero, seco, sin apenas casas por el camino, presumiendo cada vez que pasa por algún poblado con su bocina, Buuu… Buuu… dejando a los que allí están perplejos en su pasada, algunos de ellos incluso gesticulan tímidamente con su mano, un saludo.
La noche anterior se decidió seguir adelante, uno se nos quedaba atrás intentando solucionar el problema. La idea final era única, coincidir unos días después en Ulan Bator. Un día de retraso supondrá mas sacrificio en la ruta, pero es algo que todos estamos dispuestos.
El tren salio a las 7:45, puntual en su hora y sin apenas extranjeros, éramos los chicos a observar. Un camarote, cuatro literas y tan solo tres personas. Cansados de no dormir nos dejamos llevar del sonido continuo de un ventilador que airea el camarote y nuestros párpados empiezan a caer.
8:50 horas. Llegamos a la frontera, pasan de uno en uno pidiendo el pasaporte para la salida de China, dejando caer… Algo que declarar (cierre interrogante)

Diario de una aventura - 28 de mayo

Me despierto descansado, con el cuerpo acostumbrado al sonido, tanto que ya no me molesta.  El tren sigue a su ritmo y nos vamos haciendo a él. Mis compañeros siguen durmiendo, mientras la claridad que se filtra por la ventana, me hace saltar de mis pensamientos, en busca del paisaje.

Llevo varias horas observando tremendas extensiones de dunas, y en mi cabeza empiezan las cavilaciones, mejor disfruto de lo que estoy viendo y dejo de adelantar acontecimientos. A medida que avanza la aventura, y vamos pasando los días, con sus anécdotas, notamos que las preocupaciones son totalmente distintas, aunque siempre aparece alguna por ahí.




La entrada a Mongolia fue lo último que recuerdo, y de eso hace solo unas horas. Tras dejar atrás la frontera China, el Transiberiano, vuelve a parar. Mirando desde nuestro camarote, vemos un edificio cuadrado de dimensiones bastante considerables, y poblado de múltiples ventanas, en cuya fachada, destacan la leyenda “Welcome to Mongolia”, en letras luminosas y voluminosas. Al oír la parada del tren, desde el edificio, se pone en marcha, toda una legión de personal  femenino, perfectamente uniformadas. Están muy bien organizadas, y conocen perfectamente el cometido que tienen que realizar. Se distribuyen los vagones, de forma que cada una de ellas, se introduce en uno. De repente, aparece en la puerta de nuestro camarote, una de ellas, (solo delata su feminidad, su falda), totalmente vestida de verde con sus insignias rojas, de corte ruso. Nos pide el pasaporte.
Nos miramos de reojo, mientras la agente de aduanas, pasa perpleja las hojas, una y otra vez. Nos habla a viva voz, con lo cual su porte femenino se viene totalmente abajo. El grito hace que sea como si fuesen dos, cuando nos pregunta “Visa no!!, Visa no!!”. Haciéndonos los despistados y con carita de cordero degollado, le preguntamos, si se puede gestionar sobre la marcha (con nuestro ingles, a gestos). Su respuesta después de una mirada que cortaba el aliento, fue “!Síganme!”. Éramos los únicos cafres que nos aventuramos a subir al tren sin visado (gracias a la recomendación de uno de los integrantes por supuesto) Quien sería!!! La respuesta ya la conocemos desde nuestro viaje a Costa Rica, “la aventura es la aventura”
No nos fue tan mal, el guardia (masculino) que nos atendió, y suponemos seria algún alto cargo, o simplemente un mandao para este tipo de imprevistos. Aunque no sonriendo precisamente, pues a nuestra llegada, su atención se depositaba en el ordenador, intentando agredir hasta la desaparición a cuantos extranjeros aparecían por la pantalla,  jugando a no sabemos que videojuego. Pero poco a poco su humor cambio, incluso llegando a sonreírnos, y sin dejar nunca de ser amable, al igual que el resto de sus companer@s. Regresamos al  tren aliviados, pues ya podíamos seguir el viaje, rumbo a Ulan Bator.

Diario de una aventura - 29 de mayo

Hemos llegado a Ulán Bator, la cuidad se nos presenta igual que el desierto que veíamos a través de la ventanilla del tren que acabamos de dejar. Triste, solitaria y fría, a lo lejos en las montañas que rodean el valle donde se ubica la capital, la nieve tiñe de blanco, sus laderas escarpadas, haciendo que el aire sople gélido y constante. Esto no será posiblemente mas que un preámbulo de lo que nos espera en el desierto, donde no es tan sencillo buscar refugio
Nos dirigimos al lugar de ubicación de nuestro medio de transporte durante los próximo quince días, y hacemos una pequeña prueba dinámica, sorprendentemente, no se encuentran en tan buen estado las fotografías reflejaban. Tal vez es lo normal, son motos de alquiler, no podemos esperar más. Intentaremos que nos solucionen algunos fallos, como las luces en una de ellas, y otras pequeñas minucias como los frenos, quien va a querer frenar en el desierto. También es verdad.
Solucionado este tramite, y el tiempo libre, nos da opción a tomar algo. La picaresca de que hacemos gala los españoles, se queda un poco corta con la de los Mongoles, en varias ocasiones intentan inflarnos la minuta, (como se habrán dado cuenta que somos guiris), con diferentes argucias, de las que unas veces salimos mejor parado que otras. Nada sangrante, pero si desilusionante. Eso no impide que demos también con gente correcta y muy amable. De todos modos estamos contentos, “el cafre”, ha recuperado su pasaporte, aunque sigue en Pekín. Ha conseguido un vuelo a primera hora de la mañana, así que intentaremos continuar con el plan establecido, en todo caso retrasarlo un par de horas, así que nos retiramos a nuestro cálido (por el momento) lugar de reposo.
Suena un mensaje,” mal tiempo en China, vuelo retrasado”, no comienza bien el día, aún estamos en la cama, y tenemos que alterar el planning previsto. Llamamos a el encargado del alquiler, y le comunicamos el retraso. Tiene un poco más de margen, para ponernos al menos uno de los dos frenos.
El resto del día, lo empleamos en conocer un poco la gastronomía, del país, y el mercado local, esperemos que el retraso anunciado de doce horas del vuelo, se cumpla, y esta noche, estar todos de nuevo juntos, para oír alguna isa canaria, y cantar el feliz cumpleaños a nuestro compañero.

Diario de una aventura - 30 de mayo

Este ha sido un día increíblemente intenso. Reencuentros, alegrías, ilusiones, adrenalina, desilusiones, cansancio, arropamiento y prisas.
El día comienza a las 00.10 horas, cuando el compañero que estaba en Pekín se vuelve a unir al grupo, pero con un pequeño handicap, otro más, su visado es valido solamente por un periodo de siete días, así que tendrá que tramitar una ampliación, o ……
Los trámites nos retrasan y vamos a preparar las motos. Pasado el mediodía nos ponemos en marcha recogiendo eso si el visado antes de salir de la capital.
Comienza la diversión. A partir de este momento no existen normas de circulación para  las motocicletas. Tras sortear el intenso tráfico, salimos a las afueras de la ciudad.
Apenas recorridos los primeros kms, concretamente veintisiete (27), una de las motos, se negó a seguir. Tras una llamada y una larga espera, regresamos sobre nuestros pasos a la ciudad. Decidimos posponer el inicio de la aventura durante unas horas, recopilar repuestos en el ‘’Mercado Negro’’ de Ulan Bator, y la contratación de un coche, para poder transportar estos, y el resto del material.
No fue difícil convencer a un antiguo soldador, formado en la antigua Unión Soviética cuyo única exigencia fue que aceptásemos a su acompañante, (su hijo), aprendiz de mecánico.
Estos cambios se salen de nuestro presupuesto inicial, así que debemos reconsiderar algunos gastos y lujos superfluos.

Hace un frío de narices que a medida que la noche avanza se vuelve más intenso. La gran Plaza del Gobierno presidida por una gran estatua del fundador de la nación mongola, Ghenghis Khan, se esta volviendo un lugar bastante familiar.
Regresamos a nuestra base de operaciones en UB y en la intimidad preparamos un pequeño agasajo al compañero que celebra su cumpleaños a 11.000 kms de nuestro hogar en el día de nuestra bendita tierra.

Diario de una aventura - 31 de mayo

El día comienza temprano, a las 6:00 de la mañana, hemos acordado ir a recoger las motos y preparar algunos repuestos más. El fallo eléctrico de la moto no ha podido ser reparado, así que la agencia de alquiler nos incorpora otra moto más de 600 c.c.

Nos volvemos a poner en marcha nuevamente y esta vez no llegamos tan lejos, una moto híbrida, montada con los elementos de dos que fallaban (una de las cuales fue la que se rompió ayer) nos aleja por segunda vez de la posibilidad de seguir rumbo al desierto. Mas llamadas, y tras una larga espera la solución.
Así que con las cuatro motos, aparentemente en buen estado, salimos directos al Gobi.
Los primeros kilómetros se hicieron sobre asfalto en la periferia de la ciudad, a unos 40 Km entramos en una pista dirección al sur, tomamos contacto con la superficie de tierra. Mientras nos desplazamos, vamos desparramando la vista dejándonos impregnar por el desierto. Vemos alguna ave rapaz y cientos de ardillas que corren despavoridas al oír el ruido de las motos.
Estamos disfrutado por fin del desierto, extensas llanuras inacabables, pequeñas montanas y frío para comenzar. Los guantes y los cubremanetas de las motos no son suficiente protección. Algunos compañeros más previsores han venido provistos de guantes Wind Stopper, estos no pasan tanto frío.




Aunque nos informamos previamente nunca imaginamos ver el desierto nevado, pero por lo visto aquí es normal en algunas épocas del año. Bajo las rocas y en los lugares sombríos se observan trozos de hielo, y escarcha sobre las pequeñas hierbas. Avanzamos rápidamente pues la pista es amplia y nos permite un cómodo ritmo.
Tras 350 Km. llegamos a la ciudad donde pasaremos la noche.