martes, 26 de abril de 2011

Diario de una aventura - 29 de mayo

Hemos llegado a Ulán Bator, la cuidad se nos presenta igual que el desierto que veíamos a través de la ventanilla del tren que acabamos de dejar. Triste, solitaria y fría, a lo lejos en las montañas que rodean el valle donde se ubica la capital, la nieve tiñe de blanco, sus laderas escarpadas, haciendo que el aire sople gélido y constante. Esto no será posiblemente mas que un preámbulo de lo que nos espera en el desierto, donde no es tan sencillo buscar refugio
Nos dirigimos al lugar de ubicación de nuestro medio de transporte durante los próximo quince días, y hacemos una pequeña prueba dinámica, sorprendentemente, no se encuentran en tan buen estado las fotografías reflejaban. Tal vez es lo normal, son motos de alquiler, no podemos esperar más. Intentaremos que nos solucionen algunos fallos, como las luces en una de ellas, y otras pequeñas minucias como los frenos, quien va a querer frenar en el desierto. También es verdad.
Solucionado este tramite, y el tiempo libre, nos da opción a tomar algo. La picaresca de que hacemos gala los españoles, se queda un poco corta con la de los Mongoles, en varias ocasiones intentan inflarnos la minuta, (como se habrán dado cuenta que somos guiris), con diferentes argucias, de las que unas veces salimos mejor parado que otras. Nada sangrante, pero si desilusionante. Eso no impide que demos también con gente correcta y muy amable. De todos modos estamos contentos, “el cafre”, ha recuperado su pasaporte, aunque sigue en Pekín. Ha conseguido un vuelo a primera hora de la mañana, así que intentaremos continuar con el plan establecido, en todo caso retrasarlo un par de horas, así que nos retiramos a nuestro cálido (por el momento) lugar de reposo.
Suena un mensaje,” mal tiempo en China, vuelo retrasado”, no comienza bien el día, aún estamos en la cama, y tenemos que alterar el planning previsto. Llamamos a el encargado del alquiler, y le comunicamos el retraso. Tiene un poco más de margen, para ponernos al menos uno de los dos frenos.
El resto del día, lo empleamos en conocer un poco la gastronomía, del país, y el mercado local, esperemos que el retraso anunciado de doce horas del vuelo, se cumpla, y esta noche, estar todos de nuevo juntos, para oír alguna isa canaria, y cantar el feliz cumpleaños a nuestro compañero.

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