martes, 26 de abril de 2011

Diario de una aventura - 28 de mayo

Me despierto descansado, con el cuerpo acostumbrado al sonido, tanto que ya no me molesta.  El tren sigue a su ritmo y nos vamos haciendo a él. Mis compañeros siguen durmiendo, mientras la claridad que se filtra por la ventana, me hace saltar de mis pensamientos, en busca del paisaje.

Llevo varias horas observando tremendas extensiones de dunas, y en mi cabeza empiezan las cavilaciones, mejor disfruto de lo que estoy viendo y dejo de adelantar acontecimientos. A medida que avanza la aventura, y vamos pasando los días, con sus anécdotas, notamos que las preocupaciones son totalmente distintas, aunque siempre aparece alguna por ahí.




La entrada a Mongolia fue lo último que recuerdo, y de eso hace solo unas horas. Tras dejar atrás la frontera China, el Transiberiano, vuelve a parar. Mirando desde nuestro camarote, vemos un edificio cuadrado de dimensiones bastante considerables, y poblado de múltiples ventanas, en cuya fachada, destacan la leyenda “Welcome to Mongolia”, en letras luminosas y voluminosas. Al oír la parada del tren, desde el edificio, se pone en marcha, toda una legión de personal  femenino, perfectamente uniformadas. Están muy bien organizadas, y conocen perfectamente el cometido que tienen que realizar. Se distribuyen los vagones, de forma que cada una de ellas, se introduce en uno. De repente, aparece en la puerta de nuestro camarote, una de ellas, (solo delata su feminidad, su falda), totalmente vestida de verde con sus insignias rojas, de corte ruso. Nos pide el pasaporte.
Nos miramos de reojo, mientras la agente de aduanas, pasa perpleja las hojas, una y otra vez. Nos habla a viva voz, con lo cual su porte femenino se viene totalmente abajo. El grito hace que sea como si fuesen dos, cuando nos pregunta “Visa no!!, Visa no!!”. Haciéndonos los despistados y con carita de cordero degollado, le preguntamos, si se puede gestionar sobre la marcha (con nuestro ingles, a gestos). Su respuesta después de una mirada que cortaba el aliento, fue “!Síganme!”. Éramos los únicos cafres que nos aventuramos a subir al tren sin visado (gracias a la recomendación de uno de los integrantes por supuesto) Quien sería!!! La respuesta ya la conocemos desde nuestro viaje a Costa Rica, “la aventura es la aventura”
No nos fue tan mal, el guardia (masculino) que nos atendió, y suponemos seria algún alto cargo, o simplemente un mandao para este tipo de imprevistos. Aunque no sonriendo precisamente, pues a nuestra llegada, su atención se depositaba en el ordenador, intentando agredir hasta la desaparición a cuantos extranjeros aparecían por la pantalla,  jugando a no sabemos que videojuego. Pero poco a poco su humor cambio, incluso llegando a sonreírnos, y sin dejar nunca de ser amable, al igual que el resto de sus companer@s. Regresamos al  tren aliviados, pues ya podíamos seguir el viaje, rumbo a Ulan Bator.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Comentar: