martes, 26 de abril de 2011

Diario de una aventura - 27 de mayo

Por el momento parece que las horas no pasan, con la mirada perdida en el horizonte de un paisaje monótono, a través del gran marco rojo de la ventanilla, de un tren que partió de madrugada con cara triste.
No es muy agradable recordar como empezó el día. Un día que se despertó sin ese despertador que echábamos de menos y que hasta la fecha aun no tenemos. Simplemente no dormimos, no por los nervios de la travesía que nos esperaba en el transmongoliano, sino porque nos faltaba una de las piezas del equipo. Uno de nosotros había perdido el pasaporte la noche anterior, sin tiempo de reacción, a falta de unas pocas horas de la partida de ese amasijo de hierros.
El tren se impone en un terreno áspero, seco, sin apenas casas por el camino, presumiendo cada vez que pasa por algún poblado con su bocina, Buuu… Buuu… dejando a los que allí están perplejos en su pasada, algunos de ellos incluso gesticulan tímidamente con su mano, un saludo.
La noche anterior se decidió seguir adelante, uno se nos quedaba atrás intentando solucionar el problema. La idea final era única, coincidir unos días después en Ulan Bator. Un día de retraso supondrá mas sacrificio en la ruta, pero es algo que todos estamos dispuestos.
El tren salio a las 7:45, puntual en su hora y sin apenas extranjeros, éramos los chicos a observar. Un camarote, cuatro literas y tan solo tres personas. Cansados de no dormir nos dejamos llevar del sonido continuo de un ventilador que airea el camarote y nuestros párpados empiezan a caer.
8:50 horas. Llegamos a la frontera, pasan de uno en uno pidiendo el pasaporte para la salida de China, dejando caer… Algo que declarar (cierre interrogante)

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Comentar: