Hace unas horas que la luz del sol ha dejado de brillar, y las sombras han terminado de teñir de oscuro, la noche. He recorrido los últimos doscientos metros que me separan de la puerta del garaje, en silencio, con el motor apagado, dejando que la inercia, impulse la moto suavemente. Mientras va perdiendo velocidad, mi mente, va tomando conciencia con la idea de que, ha llegado el momento de un breve descanso. Algo que mi cuerpo sin duda también necesita. Ha sido un agradable relax, disfrutar el sonido del motor “rugiendo”, mientras la aguja del cuentarrevoluciones, ascendía en su recorrido circular, buscando el límite. El momento adecuado para insertar una marcha más, e iniciar el proceso de aceleración. Se suceden las curvas, las frenadas, las suaves aceleraciones, y las ganas de seguir rodando, pero también los pensamientos, las ganas de llegar a los brazos de Morfeo, y el recuerdo de las obligaciones contraídas para el siguiente día.
Y aquí nos encontramos pasadas unas horas, con el resto del grupo (una parte al menos). Con la moral, en la boca del estomago, pues siempre existen nervios, cuando tenemos que dedicar un tiempo a expresarnos frente a una cámara de televisión. Además hoy pintan bastos, pues la grabación, no es tal. Es una emisión en directo, sobre nuestra aventura. No valen las equivocaciones, ni los guiones. Desde primera hora de la mañana invadimos las pantallas de los televidentes que tienen la suerte de poder estar al frente de dicha caja. Vamos a disertar sobre los artículos, elementos, cachivaches y objetos necesarios para poder estar veinte días “perdidos”. Tras unos breves consejos por los profesionales del medio, la hora de la emisión nos envuelve, y salimos al “aire”.
Bueno, esta vez hemos superado la prueba. No con un sobresaliente, pues, hemos cometido algún que otro “gazapo”, pero el resultado ha sido bastante satisfactorio, tanto que no nos dejan ir. Desean grabar un poco más, y el clima se relaja. Empezamos a disfrutar un poco con esto, y nos ponemos a disertar con calma sobre todos los objetos que se esparraman sobre la mesa. Cascos, botas de motocross, GPS, teléfono vía satélite, mapas, brújulas, guantes, ropa térmica, etc. Luego llega el momento de las entrevistas personales, y las preguntas trampa, jajaja.
La guapa reportera, hace gala de una sutil inteligencia, con sus cuestiones, provocando que una sonrisa asome en nuestra cara., cuando nos pregunta –¿Que es lo ultimo que nos gustaría comer, antes de partir?- Potaje o gofio. Ella misma nos responde, en previsión de cualquier barbaridad, al ver nuestra expresión. Esta anécdota, sigue provocando, simpáticas carcajadas, incluso en el gerente de Flick, que ya se esta convirtiendo en un integrante mas del grupo, con su maravillosa implicación, y complicidad.
Dejamos las cámaras, nos despedimos y nos disgregamos, el tiempo se esta haciendo corto. Hay que regresar a las obligaciones con el trabajo, y seguir saltando sobre la maleta. Dentro de poco habrá que cerrarla, tarea cada vez mas ardua, pues se siguen apuntando elementos para este viaje, con los que no contábamos, como una bandera, que busca hueco en nuestro ya de por si sobrecargado equipaje. La idea de llevar puesto el casco, vuelve a surgir sobre nuestro planning de organización, (me veo con el dentro del avión, tomando zumo de cebada con una pajita). Intentaré plegarlo a ver si así, entra. Se nos acaban las ideas para poder llevar todos los bártulos, el espacio mejor ni mentarlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Comentar: