martes, 26 de abril de 2011

Diario de una aventura - 7 de mayo

Son las 6 de la mañana y mis ojos siguen cerrados, pero mi mente ha superado la fase del sueño y ha comenzado a trajinar, es imposible hacer un pequeño alto y volver a la etapa del sueño, aunque sea un ratito más. Hoy el día se presenta con una apretada agenda, además promete emociones y diversiones. Si obviamos la rutina del trabajo, aunque este tampoco se ha presentado demasiado rutinario según avanza la mañana. Pero no es un día genial, la verdad es que no nos salen las cosas, lo que no se atasca, se complica, o hay que volver otro día para solucionarlo. Además suena el teléfono con noticias inesperadas, todo el plan acordado el día anterior, se ha ido al traste, por un pequeño detalle. Apenas hay tiempo para buscar una alternativa, pero hay que intentarlo. Empieza el intercambio de llamadas y visitas, se pide algún favor, (no realizado), lo cual obliga a tener memoria. Pero parece que no hay alternativa, tendremos que improvisar.
18:00 horas:
Llega la prensa y el cámara de TV, y nos ponemos en marcha hasta un descampado donde hacer una tomas, y unos retratos, no es que seamos profesionales destacados, ni con amplia experiencia, pero nos defendemos honrosamente. Tras unas primeras tomas para regular la luz, y los equipos. Comienza el desfile, los disparos fotográficos, y el silencio “se rueda”. Hacia la pista se lanza nuestro piloto representativo, levantando oleadas de polvo, que indican la dirección en la cual avanza, sobre su “caballo de hierro”, de repente un giro de 180º le lanza de nuevo hacia nosotros, mientras, otro piloto, calienta motores, el resto intenta sin conseguirlo, calmar sus ansias de derrapar, y emular, a su compañero. Todo parece funcionar adecuadamente, pero que es un día, sin una anécdota, como podemos reunirnos y no tener algún detalle, por mínimo que sea, para grabar en nuestros cerebros, o en nuestra retina, y por si esta no estuviese lo suficientemente despierta o alerta, también existía la presencia de un profesional de la fotografía para dejar constancia. Efectivamente, la secuencia, no deja lugar a dudas, el “caballo de hierro”, descabalga a su jinete, en una extraña e inesperada maniobra, traicionera, y este lejos de sujetar las riendas, gira sobre si mismo en una voltereta increíble, y se levanta al ritmo de baile moderno, con las manos golpeando la tierra que adorna su hasta ese momento impecable vestimenta de motorista etiquetado, sin duda este gran inconveniente, no previsto, desmonta nuestro estado de animo, y decidimos acortar.

Los profesionales, aderezados y curtidos, en este tipo de acciones, nos proponen un cambio que rápidamente aceptamos y nos desplazamos para comenzar las entrevistas, bajo la atenta mirada de un anciano árbol, que se muestra imperturbable a cuanto acontece a su alrededor, tal vez el echo de haber dejado de tener savia corriendo por sus ramas, tenga mucho de importancia. Allí sobre el suelo, de pie o sobre el “caballo de hierro”, desgranamos pequeños detalles que conocemos sobre nosotros, nuestras ilusiones y otros tantos que suponemos sobre nuestro viaje.

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