Los nervios me han dado por plasmar mis pensamientos escribiendo, y es que ya estamos a punto de comenzar esta maravillosa aventura, o locura. En nuestra tesitura por descifrar que termino es mas adecuado, hemos empezado con los preparativos, petos, botas, pantalones con protecciones por todos lados, parece que han llegado -los reyes magos”- todo es nuevo, impecable, desconocido. A todo esta vestimenta “defensa” de nuestros cuerpos criados al gofio, (Danone, le llaman ahora), le añadimos pasaportes, visados, pasajes, transbordos, transiberiano, y motos, tendremos este cóctel que nos quita el sueño, nos hace contar las horas y nos tiene en vilo, no viendo el momento de comenzar.
Y comenzar que?
A volar, aterrizar y volver a volar, para llegar a Pekín, punto de partida, y de los últimos detalles. Antes de subir a ese mítico tren llamado transiberiano, y que tal como su nombre indica recorre Siberia y Asia, nosotros esperamos que nos permita llegar a Ulan Bator, capital de Mongolia, donde nos espera la siguiente etapa, una larga travesía que nos llevara hasta el desierto del Gobi.
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