martes, 26 de abril de 2011

Diario de una aventura - 10 de mayo

Hoy me he levantado con un mensaje en mi teléfono – nos han puesto unas líneas en el diario AS -. Y lo primero que ha pasado por mi, aún no despierta mente, ha sido lo lógico y razonable en esta situación. Este gamberro, (aunque cueste creerlo, en nuestro grupo existe algún personaje que ciertos días gusta de disfrutar la vida nocturna), estuvo anoche disertando por esos maravillosos lugares donde sirven zumos de cebada y agradables licores (de esos que raspan la garganta y nublan en cerebro) y entre degustación y cháchara, me envió este simpático mensaje.
Pero tuve que abrir bien los ojos, cuando me vi reflejado en las paginas interiores de este noticiario deportivo, efectivamente, allí estábamos, todos guapitos, uniformados y con una seriedad marcial, en la que destacan ampliamente la sonrisa, y la falta de tablas en estos eventos, a los que nos estamos enganchando rápidamente. Que orgullosa se va a sentir mi madre, jajaja. Hemos salido en prensa y encima por algo agradable, aunque la causa sea cruzar un desierto subido en una “cabra con ruedas”, en el 5º coño, que más da, la cara se le ilumina igualmente, mientras mi padre son total serenidad y una tierna mirada, sin palabras me reprende e invita a ser precavido. Y es que llevan mucho tiempo aguantándome, aunque no resida con ellos, muchos años, a….
En fin, no he podido resistir la tentación de mostrarlo a todo el que ha tenido la suerte o no, de cruzarse en mi camino. Literalmente levitaba y sonreía, hoy tengo ganas de repartir alegría, y me siento genial. O por lo menos esa ha sido mis sensaciones, al ver que esto sigue adelante, y el reto cobra cada día una nueva dimensión. Y nos sigue sorprendiendo, el apoyo que estamos recibiendo no sólo por parte de colaboradores, sino también de amigos, y conocidos. Pero todos coinciden en que nos cuidemos y seamos prudentes, es que acaso lo dudan. O es que tal vez aún no somos conscientes, de a donde vamos?

Esta pequeña levitación o euforia temporal, se va calmando, ralentizando, desapareciendo, y siendo sustituida, por una reflexión, sobre lo que nos espera, he pasado de sentir la moto bajo mi cuerpo, flotando por las arenas del desierto, adelantando a una larga estela de arena suspendida en el aire, mientras el chasis se balancea, derrapan las gomas y la moto se estremece en mi mente, a una bajada a la tierra, a sentir el peso de la aventura, a pensar que tal vez no todo sea tan agradable, como soñamos.
Que va a ocurrir, cuando tras largas horas de avión, transbordos, y las 30 horas de transiberiano, hasta Ulan Bator, nos perpetremos las protecciones y nos abrochemos el casco. En este momento un hormigueo sube, desde mis pies a mi estomago, y en mi mente, se abre un sinfín de preguntas, incertidumbres, nervios y una oleada de responsabilidad, hacia mi, y mis compañeros. Aquí es donde realmente se forjan las amistades, no sólo con los conocidos, sino también con los amigos que encuentras en el camino, bajo un sol ardiente, en un bochinche tomando una bebida a la sombra, aterido de frió ó al calor de una hoguera en medio de la nada, simplemente por el placer de compartir ese espacio y ese tiempo con la persona adecuada, hablando, mirándole a los ojos, o simplemente sintiendo integrado en ese lugar y ese momento. Son los recuerdos que te vas a grabar de ese lugar, de esas personas que han estado en un determinado momento compartiendo, colaborando y conviviendo, con el grupo, en el grupo.



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