martes, 26 de abril de 2011

Diario de una aventura - 8 de junio

Tras pasar la noche, de nuevo junto a otro río, despertarnos en medio de un ganado de ovejas que rodeaban nuestras tiendas, nos disponemos a salir hacia nuestro destino sito a 174 km. Lo primero que divisamos son antiguas fábricas rusas a las afueras de la cuidad de Tsergled, que están abandonadas y en desuso creando un ambiente fantasmagórico. Al llegar a la cuidad repostamos combustible, mientras observamos el ir y venir de los ciudadanos que a un ritmo tranquilo y sosegado nos hace ver que aquí el stress aún no ha llegado, en sus rostros fríos y poco expresivos se ve reflejado las durezas de las condiciones de vida.
A lo lejos divisamos un monasterio que para llegar ahí hay que subir una interminable escalera, y nosotros curiosos nos acercamos para realizar la típica foto para el recuerdo. Salimos de la cuidad y como es preceptivo tenemos que pagar peaje y viendo ya la escasez de fondos y los días que aun nos quedan por delante, nos hacen ver que tenemos que apretarnos el cinturón, por estos lares se paga por todo, al extranjero y por ende a su cartera se le saca partido por todo (todo se aprovecha como el cerdo).
Al circular podemos observar gran cantidad de ganado que en alguna ocasión obstaculiza nuestra marcha, podemos encontrarnos desde ovejas, cabras, caballos, y los yak típicos de este país asiático, que son una mezcla lanuda de vaca con búfalo y que nos miran sin inmutarse a nuestro paso.
Y claro, surgen las averías en esta ocasión, no de las motos sino del vehiculo de apoyo convertido a estas alturas, mas en cuarto trastero viendo que la organización que brilla por su ausencia en su interior. Puestos en marcha de nuevo, se divisan negros nubarrones que barruntan agua, que más tarde se hacen realidad sobre nosotros, telones de agua acompañados de relámpagos y estruendosos truenos, creando una atmosfera de diluvio universal, en el cual nosotros estábamos inmersos y no encontrábamos el Arca de Noé, que nos rescatara. Echándole un par de ruedas, seguimos nuestra andadura, mojados y con un frío que nos hace pensar en un posible resfriado con todo esto la conducción se hace más tensa y no nos permite ni una mínima distracción sobre el terreno sobre el que circulamos. Nos acercamos a nuestro destino pero antes una gran zona volcánica que nos hace recordar nuestra querida tierra donde destacan los cráteres cubiertos de picón, bordeando las laderas y alrededores. Otra curiosidad es un malpaís enorme donde surgen, innumerables pinos en un contraste que hace que nuestros ojos, no asimilen tal belleza.



Llegamos por fin a nuestro destino junto a un lago, deseoso de poder descansar, cambiarnos y tomarnos una sopa bien caliente. Que a más de uno en su ímpetu termina por quemarle la lengua. Ya dentro del Gers, en el que nos disponemos a pasar la noche, nos calentamos en una especie de chimenea mientras fuera sigue lloviendo, y la tarde languidece.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Comentar: