martes, 26 de abril de 2011

Diario de una aventura - 6 de junio

Primer día de ‘’descanso’’ de nuestra aventura. Como tal lo aprovechamos para descansar, hacer turismo y visitar la antigua capital de la nación mongola: Karakorum.

Esta ciudad fue la establecida por el mayor conquistador de la historia ‘’ Gheghis Khan’’ en centro de sus operaciones. Como tal aun conserva alguno vestigios de su importante historia.
Tras levantarnos y asearnos dentro de lo posible, visitamos el Templo histórico de Erdenne Zuu, lugar de residencia de generaciones de khanes y de oratoria en la ciudad. Teniendo en cuenta que esta ciudad tiene más de 8 siglos de historia debemos reconocer que nos ha defraudado un poco. Esperábamos encontrar algo más ‘’decente’’, si se permite la expresión, en un país en el que hemos visto impresionantes estepas, algunas sucesiones de montañas y desde luego un enorme desierto pasando por pequeñas aldeas que nos han dejado un sabor agridulce en cuanto a sus gentes y su ambiente.
No obstante la visita al templo mencionado no nos deja indiferente. La historia dice que esta ciudad y su templo amurallado, sede del corazón del imperio, sirvió de base a los conquistadores mongoles en China para edificar la llamada ‘’Ciudad Prohibida’’ de Pekín.
Allí nos hacemos las rigurosas fotografías con el uniforme típico del guerrero mongol de la época cual turista montado en burro paseando por la Cruz de Tejeda. Visitamos todos los templos en donde se puede observar la extraña manera de adorar a Buda y a su imagen en la tierra personificada en el Dalai Lama. Desde luego es otra cultura y otro culto. Los monjes budistas nos ofrecen sus oraciones mientras nosotros, no sé si de forma irrespetuosas según su cultura o no, les miramos algo aturdidos por la devoción reinantes en estos recintos.



Al salir y para no ser menos que en el resto del mundo, nos damos de frente con puestos de souvenirs en donde por fin podemos disfrutar del regateo. Algo que hasta ahora no habíamos visto sino en China. Lógicamente nos compramos cosas que no nos hacen falta y que en cuanto lleguen a casa arrimaremos en un trastero. Pero había que comprar algo. Es ley de vida del turista viajero.
De resto la ciudad nos aporta muy poco. Como anécdota del día ha que mencionar que justo en el lugar donde íbamos a montar las tiendas junto al cauce de un ancho río fuimos testigos, cámara de foto y video en ristre, del parto de una vaca. Tan ensimismados estábamos con este hecho que casi no nos percatamos de la rápida llegada del posible padre de la criatura al que nuestra presencia no le debió hacer mucha gracias y consiguió que nuestras motos aceleraran como nunca en todo lo que llevábamos de expedición. Como en cualquier película de intriga que se precie siempre hay una moto que no consigue arrancar hasta justo cuando tiene al animal a escasos metros.




Después del susto y mientras montábamos las tiendas comentábamos la jugada y nos lamentábamos de no tener el ‘’aplomo’’ suficiente para permanecer grabando mientras la bestia cornuda corría hacia nosotros.

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