Hoy ha sido una pequeña jornada de transición. Nos levantamos sobre las nueve de la mañana, y empezamos con el ritual de vestirnos. Ropa interior, más o menos limpia, dependiendo de la cantidad traída, y protecciones, rodilleras, camiseta, pantalón interior, y exterior, botas, casco, guantes y a ver estepa nuevamente. Salimos de una pequeña villa donde pasamos la noche, en al cual no paro de llover, esperábamos que el terreno, estuviese complicado debido a este fenómeno atmosférico, pero no es así, las pistas son sencillas y el terreno absorbió la mayor parte del agua. A unos 60Km. nos detenemos en un pequeño arroyo, donde cargamos agua, que pasamos a purificar con unas pastillas que hemos traído para ello, y aun debemos esperar media hora, para que el proceso se cumpla, antes de tomar el liquido elemento. Mientras esperamos y tomamos un pequeño refrigerio, un chaval con un camello se acercan, el animal tiene sed (los camellos, también beben, aunque sea de mes en mes) y curiosea por nuestro alrededor, le ofrecemos unos caramelos, y el nos agradece el gesto invitándonos a montarnos en su cuadrúpedo acompañante.
Este no es tan amigable como el niño que lleva sus riendas, no le hace ninguna gracia que se suban a su grupa y menos cuando el primero es el que mas kilos lleva encima. Así que reacciona, escupiendo la yerba que rumia en su boca, dejando un pestilente aliento, en el antes limpio aire. Nos ha convencido, le dejamos que siga tranquilamente comiendo, mientras el nómada da vuelta por las motos observándolas. Pasados unos minutos, sin que apenas lo notemos, han dejado el riachuelo y sus alrededores. Continuamos la marcha, tranquilamente, hasta llegar a un pueblo con amplias carreteras sin asfaltar, donde transitaban muchos vehículos pesados, sin que pudiésemos averiguar, cual era su cometido.
Nos llevan a comer a un nuevo restaurante, lo de nuevo, es porque aún lo estaban construyendo. Sólo tiene un tipo de comida, que presumimos será la especialidad de la casa, y que a nosotros nos quito totalmente las ganas de seguir probando la comida del país. Esta en concreto consistía, en una bola de carne, con su grasa incluida, recubierta de masa, que acababa en forma puntiaguda, con unas estrías laterales, cocinada al baño María. NADA COMO UN POTAJITO>


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