martes, 26 de abril de 2011

Diario de una aventura - 2 de junio

Empezamos el día como nos acostamos... cansadísimos. Aunque tras desperezarnos en nuestras tiendas de campaña nos vamos animando. Después del típico desayuno a base de zumo y galletas nos equipamos como autómatas y recogemos el campamento para dirigirnos hasta el punto más a sur de nuestro trayecto. Dejando atrás las primeras cimas del camino en donde pasamos al noche nos adentramos nuevamente en la inmensa llanura mongoliana.



De momento el uso de las protecciones ha sido menos del previsto pero se han usado muy a nuestro pesar.
Atravesamos unos cuantos gers de pastores y algún que otro poblado en donde somos la atracción de la población . La gente nos mira con asombro lo que nos cohíbe ya que si ellos no están acostumbrados a ver cuatro occidentales en moto menos lo estamos nosotros a ser observados por una multitud que además no guarda reparo en subirse a las moto en cuanto nosotros nos apeamos de ellas.
La experiencia el día anterior con la policía nos hizo guardar silencio y mostrar una sonrisa, nerviosa eso si, ante tanta gente y su falta de respeto por los vehículos. Quizás son sus costumbres pero nos choca bastante.  Estos detalles nos extrañan, más aun viendo como muchos pastores han abandonado sus caballos para guiar al ganado en moto de marca y modelos muy autóctonos eso si.
 Tras comer algo en uno de estos pequeños agrupamiento de gers nos acercamos al parque nacional de Gobi, zona muy escarpada entre montañas. Damos rienda sueltas a nuestra técnica sobre la moto en terreno que todavía no habíamos probado. Finalmente llegamos a un pequeño parking donde tenemos que abandonar las monturas para seguir a pie sobre un río cubierto por un manto blanco de hielo. Con el temor inicial a las caídas que todavía no habíamos sufrido en las motos caminamos sobre tan resbaladiza superficie durante un buen rato.
Toca sesión fotográfica en tan espectacular paisaje donde además conseguimos distinguir alguna cabra montesa mimetizada con el terreno.
Debemos regresar a nuestra ruta ya que la noche se acerca. Nos queda solo una hora de luz y mas de 100 kms, por delante.

Las prisas y los ánimos tan subidos hacen que por fin probemos la dureza del terreno pedregoso donde estábamos. Sin Entre risas nerviosas y dudas nos desvestimos y casi sin dar el ‘’ya’’ de rigor nos vemos metidos en el agua rodeado de placas de hielo que hace que por fin la tierra mongola vea la sangre canaria correr. Lo que no ha conseguido mas de 2.000 kms de moto a velocidades de vértigo lo ha hecho un trozo de hielo.



De nuevo risas, piernas coloradas por el frío y alguna que otra sangrante, comentario sobre lo bien que se esta en tierra firme y a montar las tiendas.
La primera parte de la apuesta había que cumplirla esa misma tarde-noche por lo que tras tener el lecho preparado para la fría noche que nos esperaba decidimos adentrarnos en el camino dirección norte hasta que encontramos un ger-tienda que nos vendió las 6 cervezas a precio de oro como turistas que somos: 1,80 euros al cambio por cada botella de 500cl. Un despilfarro vamos, jaja
Y ahí nos encontramos nosotros metidos en la caseta riendo y bebiendo cual acampada en los llanos de Pez en pleno invierno cuando de repente oímos el sonido más impresionante de todo el viaje. En medio de la noche el fuerte galope de una manada de caballos seguido de lo que suponemos su “pastor” cantando a capella una hermosísima melodía que llegamos a pensar que alguien había conectado los altavoces de una discoteca en la selva. Por supuesto el silencio se hizo en la tienda para disfrutar la mezcla del galope animal y la sintonía mongola. Raudos salimos al exterior pero la oscurísima noche apenas nos permitía distinguir nada a varios metros delante de nuestras narices.
Ya había que descansar: mañana comenzaría la cuenta atrás teniendo que deshacer el camino andado este día para regresar a Moron y de ahí camino a la capital.
Pero faltaba el susto del día. Cuando casi estábamos cayendo en los brazos de Morfeo el vibrar del suelo nos solivianto a todos: Se acercaba una manada de caballos que nos puso el corazón en un puño. Sabrán que estamos aquí? Nos esquivaran? Parecen cientos!!. Pero sin tiempo para avisarnos mutuamente el ruido va cesando. Que diablos habrá pasado para que llegaran así corriendo. Que habrá ahí fuera. Las conjeturas a gritos entre casetas era el preámbulo de un silencio hasta el día siguiente si no hablamos de la locomotora humana que viaja con nosotros y a la cual ya nos hemos acostumbrado aunque se pone en marcha cuando queremos dormir. Y después dicen que en Canarias no hay trenes. físicos pero si en el orgullo tras unas pequeñas risas continuamos la marcha
Finalmente la noche nos engulle pero impensablemente eso no hace que baje el ritmo. Quien nos iba a decir antes de venir que seriamos capaces de alcanzar velocidades tan altas en medio de un desierto tan peligroso como el del Gobi en plena noche. Verdaderamente no éramos conscientes de lo que hacíamos de tal manera que perdimos toda referencia con el nativo acompañante y el vehiculo de cuatro ruedas, detalle del que nos percatamos un buen rato mas tarde.
Decidimos regresar sobre nuestros pasos pero ,cuáles eran?. Confiados en nuestro acompañante habíamos ignorado usar el cargador solar para recargar el gps al que hacia varias horas que se le había agotado su batería.
Nos encontrábamos en medio del desierto, cuatro motos conducidas por cuatro canarios y perdidos. A lo lejos vemos una luz, probablemente sea nuestro vehiculo, nos acercamos y … lamentablemente era un gers donde un matrimonio de pastores salen asombrados y con cara de espanto. Volvemos a recordar nuestra experiencia del día anterior y decidimos pedir disculpas y largarnos del lugar.

Lo único que nos queda es dejar las motos en marcha situando su alumbrado de largo alcance  dirigido a cada punto cardinal. Nos tranquilizaba en parte el haber visto durante nuestro tramo nocturno a un pastor y su hijo junto a una moto con su motor abierto. Eso nos dio que pensar que muy mal se tiene que dar las cosas para que alguien no nos sacara de allí.

Finalmente, casi dos horas mas tarde, aparece a lo lejos una luz que se mueve. Sin excesiva confianza esperamos que sea nuestro vehiculo.
Gracias a Dios aparece y nos anima. Estamos medio congelados y casi sin combustible. El cansancio y los nervios nos deciden a montar las tiendas allí mismo bajo un sorprendente cielo estrellado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Comentar: