martes, 26 de abril de 2011

Diario de una aventura - 1 de junio

Salimos temprano, sin haber descansado mucho. Y eso que pasamos la noche en una especie de pensión, bar de carretera, karaoke y no sabemos que más, ya que nos fuimos a dormir con el miedo en el cuerpo tras un pequeño encuentro con algunos policías (al parecer de alto rango) que cubrían su uniforme con ropa civil y se encontraba algo pasadillos de copas. Alegrándonos de alejarnos de este pueblo, nos ponemos a rodar de nuevo, a través de extensas llanuras, con alguna que otra hierba salpicada, aquí y allá. Es normal ver a lo largo de nuestro recorrido, grupos de camellos, y caballos, que pastan tranquilamente, las hierbas que apenas se dejan ver, pues crecen unos cuatro o cinco centímetros, dando un color verde a toda la superficie, en lugares más fértiles, se reproducen a más altura, dando lugar a acumulaciones de arena en su base, siendo estas uno de los muchos peligros, que tenemos cuando rodamos, campo a través. Hoy lo estamos haciendo a un ritmo tranquilo, animado de vez en cuando con algunas derrapadas y un veloz trote durante algunos kilómetros después de los cuales paramos a reagruparnos de nuevo. Es obvio que nos estamos divirtiendo, las motos hoy van genial y las pistas invitan a apretar el puño tanto como nos atrevamos y claro… eso implica probar las protecciones, primero uno y luego otro las vamos verificando, funcionan!!




Toca dormir al aire libre y casi lo hacemos solo en el aire…., me explico, el compañero que abre el grupo, conecta de repente la luz roja intensa, de su piloto trasero,  a la que sigue una inmensa polvareda, aun mayor de la normal que nos pone en alerta. Esta intentando parar, algo que con mayor o menor arte pero ha conseguido. El resto aminoramos la marcha,  y sorpresa!!!   ante nuestros asombrados ojos la pista ha desaparecido.

No damos crédito a lo que vemos, un inmenso mar de dunas petrificadas y de caprichosas formas debido a la erosión del agua, se extienden tras sortear una caída vertical de mas de 80 metros.
De la que nos hemos salvado. Aquí no existen los discos ni las señales de peligro, que susto!!
Una vez recuperado el aliento y las pulsaciones nos reconfortamos mirando el increíble paisaje sacado de la prehistoria.



Bordeamos el barrando volviendo sobre nuestros pasos y nos adentramos en una excursión no exenta de dificultad, a través de estas dunas, en la que fueron clavadas los vientos de nuestras casetas para pasar la noche, eso si, un poco inclinados.

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