martes, 26 de abril de 2011

Diario de una aventura - 12 de junio

Nos despierta el sonido de la lluvia que no ha parado de caer en toda la noche. Por este motivo y acumulando el cansancio de jornadas precedentes, nos hace difícil levantarnos de la cama del gers, donde hemos descansado. Empezamos a hablar de los días de nuestra aventura, que ya se acerca a su fin. Las experiencias y anécdotas que se han vivido y por supuesto, la añoranza de nuestra tierra, familia o pareja, entre otras. Nos imaginábamos junto a la chimenea que alguno tiene en su hogar, eso si en fotos. Otros en las dunas de Maspalomas y algún otro por las cumbres de la isla.
Al ver que no descampaba, decidimos aprovechar para avituallarnos de comida, y hacer alguna llamada.
Sobre el mediodía, las condiciones atmosféricas cambian. Nos ponemos en marcha. Ante nuestra vista aparecen las interminables estepas y el ganado que en gran cantidad lo habitan. Nos acercamos a un río, donde para cruzarlo tenemos que pasar por un puente flotante, el que por supuesto hubo que pagar su correspondiente tasa, para poder pasar a la otra orilla. Pasados un par de kilómetros, se nos presenta una imagen digna de “memorias de África”, en donde nada desmerece, el parecido con la belleza de la sabana Africana. Mientras en el cielo de un azul intenso las nubes dan su toque a esta magnifica postal natural.



Volvemos a nuestro recorrido, en el cual aparece el tan temido barro que lleva por partida doble y simultáneamente a dos de nosotros por los suelos. Paramos y tras comentar con humor y picar un poco a los que cayeron, recordándoles las veces que han tocado tierra, nos disponemos a continuar la ruta. Pero vuelve a aparecer el barro, que nos hace inventar mil rutas y piruetas para no caernos, y hacer malabarismos sobre las motos. Alguno en su afán de evitar esta zona de barro, busca alternativas, adentrándose en un bosque, pero lo que consigue es meterse en la boca del lobo, y que las raíces y ramas de los árboles, no le dejen circular, al final tras no pocas vicisitudes, y esquivando los árboles consigue salir, e incorporarse al grupo. El terreno se vuelve mas sinuoso y con muchas piedras, haciendo honor a una bonita ranchera que dice ”una piedra en el camino, me enseñó que mi destino, era rodar y rodar”, la llevo uno de nosotros a la practica y termino por los suelos. Eso si con solo unas magulladuras que no le impidieron terminar la etapa del día. Ya la noche se nos acercaba y tras pasar un río con nuestras motos, decidimos acampar y reponer fuerzas para el siguiente día.

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