martes, 26 de abril de 2011

Diario de una aventura - 13 de junio

No puedo dormir por el frío, son las 4:30 de la madrugada. La temperatura ha bajado considerablemente y se me ocurre salir de la caseta, delante de mis ojos sólo hay un manto blanco. Lo que la mente había dejado como ultimo recuerdo no coincidía con su color verde. La escarcha se había apoderado de aquel paraje. Entro y cierro los ojos…
… No son ronquidos lo que nos hace que se nos separen los parpados. Estamos rodeados de un ganado de rumiantes (vacas) comiéndonos prácticamente las piquetas de la caseta.
-Que tenemos hoy para desayunar? Zumo y galletas de chocolate, dice alguien de forma automática dejando notar en su tono que sobraba la pregunta.
El que el día anterior le había dado por cantar la ranchera decidió tomarse el día de reposo e ir en el coche. Un golpe en la mano derecha, la que utiliza normalmente para mantener su cubatita, no le dejaba manipular los mandos principales. No sabemos cual de las dos cosas le preocupaba más, aunque un gamberro menos no le viene mal a la humanidad. Dado el terreno que nos encontramos fue lo mejor, sus aliadas piedras seguían presenciando el camino como si se tratara de un montón de lentejas al romperse el paquete, desperdigadas y donde menos te lo esperas.



Nunca se había tragado tanta tierra. Una tormenta en el desierto hacía que por donde nos encontrábamos fuese un infierno, las rachas de viento ayudaban si era posible a complicarlo más. Como ya venimos contando varios días, cuando piensas que te vas a encontrar una cosa te encuentras lo contrario. Una terrible zona arenosa con un aire pantanoso hace que las motos se entierren hasta el punto de descansar sus barrigas en el suelo. No hay forma de sacar las máquinas de ese lugar, la tierra era tan fina como la harina, daba igual la técnica a utilizar para salir de ese embolado. Después de tanto intento y del tiempo empleado la más eficaz era tumbar la moto a un lado, arrastrarla para sacarla del agujero y volverla a levantar, así una serie de veces que no recuerdo hasta llegar a suelo firme.
Un total de 366 Km hacen de esta jornada la mas larga de todo el recorrido. Los últimos 92 Km fueron para cambiar de pueblo ya que en el anterior no encontramos donde ducharnos en lo que ellos llaman “hoteles”. Recorrer esos kilómetros de más solo nos acercaba un poco más al destino final porque seguíamos sin duchas. Queda mal publicar la cantidad de veces que nos hemos duchado en 15 días así vamos a terminar el día de hoy con esa incógnita. Mientras… vamos a ir recordando cuando fue el último día.

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